16 de febrero de 2026 | El Bagre, Antioquia | Diego García
Cuatrocientos cincuenta líderes y miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día del Bajo Cauca se reunieron en El Bagre con un propósito claro: fortalecer el discipulado como práctica cotidiana y asumir el compromiso personal de acompañar a otros en su crecimiento espiritual. El encuentro fue organizado por la Asociación Centro Occidental, campo administrativo de la iglesia en esta región del país.
La jornada se desarrolló en el marco del impacto misionero anual denominado “Una luz de esperanza”, nombre adoptado para esta zona dentro de una estrategia territorial más amplia. En las próximas semanas, otras regiones de la Asociación Centro Occidental desarrollarán encuentros similares con lemas contextualizados, manteniendo un mismo objetivo: activar el discipulado como experiencia relacional y práctica.
El pastor Efraín Lucumí, director de Evangelismo y Escuela Sabática de la Asociación Centro Occidental, se dirige a los participantes del encuentro en El Bagre.
“El discipulado no puede quedarse en teoría. Un discípulo sigue, aprende y actúa”, afirmó el pastor Efraín Lucumí, director de Evangelismo y Escuela Sabática de la Asociación Centro Occidental. “Hoy 450 personas asumieron el compromiso de acompañar a alguien más. Si cada uno discipula a uno, veremos un impacto que se multiplicará en el territorio”.
Para el presidente de la Asociación Centro Occidental, pastor Libardo Vaca, el desafío es personal antes que programático. “Cada miembro tiene un papel en la misión. El discipulado comienza cuando asumimos responsabilidad individual”, expresó.
El presidente de la Asociación Centro Occidental, pastor Libardo Vaca, durante su intervención en el encuentro.
A ese llamado se sumó el secretario ejecutivo, pastor Javier Gaviria, quien destacó la respuesta de los distritos del Bajo Cauca y subrayó la importancia del seguimiento posterior. Según explicó, el verdadero impacto se medirá en la continuidad del acompañamiento que cada líder implemente en su congregación.
Más de 450 líderes y miembros participaron en la jornada realizada en El Bagre, en el marco del impacto misionero anual.
Compromiso territorial
Desde el ámbito regional, el pastor zonal del Bajo Cauca, Domingo Olivares, enfatizó que el reto inicia después del evento. “La tarea es regresar a nuestras iglesias y acompañar procesos reales, no solo actividades”, afirmó.
Entre los asistentes, el enfoque práctico marcó una diferencia significativa. Maritza Romero, licenciada en Educación y líder del distrito de Caucasia, señaló que el encuentro le permitió comprender el discipulado como acompañamiento intencional. “No se trata solo de dar una lección, sino de caminar con alguien”, expresó.
En la jornada de la tarde, los participantes se reunieron por departamentos para revisar iniciativas y fortalecer procesos específicos en cada área.
Un símbolo encendido
Al finalizar la jornada, cada uno de los asistentes recibió una pequeña luz portátil como símbolo del compromiso asumido. En el auditorio, los puntos de luz comenzaron a encenderse uno a uno.
Una participante sostiene la luz entregada al cierre del encuentro, representando el compromiso personal asumido.
Con las velas encendidas, el presidente Libardo Vaca elevó una oración especial, dedicando ese momento a los líderes que aceptaron el desafío de llevar esperanza a sus comunidades. El gesto representó la decisión de llevar “Una luz de esperanza” a cada distrito del Bajo Cauca, no como consigna, sino como responsabilidad personal.
El presidente Libardo Vaca dirige una dedicación especial mientras los participantes sostienen sus luces encendidas.
Los organizadores confían en que el compromiso asumido no se diluya con el paso de las semanas, sino que se traduzca en acompañamiento real dentro de cada iglesia. El congreso dejó una pregunta directa en la conciencia de sus asistentes: ¿a quién estoy discipulando hoy? Si los 450 líderes sostienen esa decisión, el Bajo Cauca habrá iniciado un movimiento capaz de encender nuevas luces de esperanza en cada comunidad.
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